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Travestismo y transexualidad

Travestismo y transexualidad son términos que son, algunas veces confusos, en relación a la definición de las diferencias entre uno u otro.

El travestismo es, sencillamente un accionar que puede ser eventual o transitorio, por el cual el sujeto usa ropa y enseres del sexo contrario por morbo o excitación, por un suave trastorno del identidad sexual o por un cambio de papel asociado a una conducta puramente sexual. El travesti comunmente solo busca un episodio transitorio y por supuesto no busca un cambio de sexo ni algo irreversible. Facilita inclusive determinar un personaje del sexo contrario que forme parte de la vida de la persona, pero no es su naturaleza, sino una conducta asociada al fácil hecho de vestirse de mujer.

Cuando esta pauta es muy definida en el tiempo, y con un elemento (una fantasía sexual, un show o show, etc…) el vocablo preciso sería transformismo en lugar de travestismo. Los travestis tienen, como regla establecida definida su identidad sexual sin importar la búsqueda de el aspecto del sexo opuesto.

En la situacion de los videos de transexuales, no tendría que ver con un papel, a opuesto que los travestis estos individuos buscan determinar su identidad sexual hacia el sexo contrario de manera lo verdaderamente completa viable. Siendo un accionar a tiempo terminado y que acarrea cambios físicos y fisiológicos para hallar el clímax de un cambio total de su identidad sexual a todos los escenarios.

Tanto una inclinación como otra suponen un inconveniente de aceptación sustancial en parte importante de las situaciones, desde la acusación moral y/o indecente del accionar de travestismo y transexualidad, hasta un inconveniente grave de inserción laboral y aceptación en la vida diaria. El asociar estas tendencias con el negocio sexual, y por lo tanto de la prostitución es indudable por el volumen de travestis y transexuales ejerciendo, en oportunidades por la imposibilidad de entrar a otros puestos sin abandonar su identidad, y por la demanda del consumo y la clientela que movida por el morbo y por deseos misterios contrata trabajadores de ambigüedad sexual o que les aportan un agregado en morbo y versatilidad.

Es una salida recurrente para recaudar, en la situacion de los transexuales, los fondos necesarios para continuar con su régimen de hormonación y operaciones en su pelea por lograr el sexo con el que mentalmente están determinados.

Sin embargo la prostitución en transexuales existe porque hay demanda y consumo, por lo cual la debemos igualar en ese sentido con algún otro trabajador o trabajadora sexual.

Hay asociaciones destinadas a la defensa de este colectivo como AET-Transexualia. Peor visto o más estigmatizado que otros colectivos no debería existir distingue alguna. Y tanto en España como en otros territorios se pelea para fomentar una legislación que iguale los derechos sea cual sea el género de la persona.

Los travestis o transexuales se encuentra dentro de los sectores más estigmatizados en el círculo de los trabajadores sexuales que no lo tiene además simple en su historia diaria.

La búsqueda de la aceptación popular es en oportunidades más dificultosa que un cambio de sexo, biológicamente comentando. La incorporación frustra la vida de quienes buscan ser coherentes con la identidad sexual que experimentan.

Es subjetivamente simple poder llegar a una participación quirúrgica que reconvierta el cuerpo del transexual en aquello que anhela, pero verdaderamente complicado conseguir el estatus de “normalidad” dentro de una sociedad que penaliza lo diferente.

El enfrentamiento sería si la unión entre el planeta de la prostitución en los transexuales no está obligada por la carencia de sensibilidad de nuestra sociedad hacia este colectivo. ¿Son empujados por la carencia de elementos para confundirse entre la masa o es una salida natural? lo diferente algunas veces se desplaza por intereses, miedos o condicionamientos morales, particulares o sociales.

Solo es un enfrentamiento que, seguro, puede alzar ampollas. Hasta entonces este colectivo de trabajadores sexuales busca su hueco.
Travestismo: desde el profundo respeto y admiración

Hay temas sobre los que es más simple escribir y otros que resultan más complejos. Hoy me toca tratar uno de los que para mí es más difícil, la transexualidad o travestismo. La contrariedad viene, por un lado, por el desconocimiento. De todas las cuestiones similares con el sexo generalmente y con la identidad sexual en especial, la transexualidad se encuentra dentro de las que menor visibilidad tiene, o, dicho de otro modo, una de las que con más descaro son ignoradas por la sociedad de la cual formamos parte. Y aunque en el último período, obvia y oportunamente, hemos mejorado bastante en lo que a apertura mental tiene relación, todavía nos encontramos muy lejos de lo que tiene la posibilidad de ser un punto ideal de convivencia respetuosa y sin prejuicios. La segunda contrariedad con la que me acercamiento se proviene de la primera pero va, si cabe, un algo más allá. Se habla en esta situación del profundo respeto y admiración que siento hacia ese colectivo y que debe ver, de manera directa, con la enorme fuerza y valentía de estos hombres y mujeres para, más allá del rechazo o aceptación popular, no sólo aprobarse a sí mismos sino hacerse valer en un ámbito que no les pone en absoluto las cosas simples.

Al reflexionar en la shemales y tener que combatir la cuestión sobre un papel en blanco, sin poder evitarlo mi cabeza vuelve a mi niñez y a los espectáculos para turistas que en aquella etapa, inclusive más que en este momento, contaban con transexuales entre sus artistas más relevantes, convertidos luego en varios casos en verdaderas estrellas locales en Mallorca. En mi cabeza, para bien o para mal, transexualidad y mundo del show van de la mano, aunque con los años aprendí que esa iniciativa que enraizó en mi cabeza a lo largo de la niñez no es tan bonita como puede parecer y tampoco refleja ni de lejos toda la verdad.

Para mí, esas mujeres que, según me detalló mi madre cuando le pregunté, «habían nacido por una confusión de la naturaleza con cuerpo de hombre» y que brillaban como enormes divas sobre el ámbito, eran sinónimo de un mundo hermoso, lleno de lentejuelas y plumas, canciones, chistes y turistas pasándola bien. No cabía en esa imagen idealizada todo el desarrollo de aceptación de nuestra situación, ni del rechazo popular –y en oportunidades además familiar-. La fácil iniciativa de que el planeta del show no era sólo una vocación, sino el exclusivo sendero, rompía con la narración de cuento de hadas que yo había constituido en mi cabeza. Y no fue hasta varios años luego que comprendí que si varios, por no decir la enorme mayoría, de esos hombres y mujeres amenizaban la velada de los turistas en hoteles, salas de fiestas y casinos era porque no les había quedado otra salida si verdaderamente deseaban poder proteger su identidad sexual y vivirla con total independencia. O que, en cualquier situación, la salida que les quedaba era bastante peor y aún más complicado.

“…no pude sentir más que respeto hacia esas personas que, sobre cualquier clase de prejuicio y limitación popular, luchaban por su identidad.”

Fue desde entonces cuando, por primera oportunidad, no pude sentir más que respeto hacia esas personas que, sobre cualquier clase de prejuicio y limitación popular, luchaban por su identidad, por ser quienes eran y no lo que la sociedad pretendía que fueran. Y todavía de esta forma, por más que logre intentar empatizar con un individuo que se enfrenta a tal circunstancia, ni de lejos puedo ponerme en su lugar e imaginarme hasta qué punto es duro el sendero, hasta qué punto es necesario fuerza y valor para seguirlo.

Por todo ello, este tema me resulta especialmente complicado de combatir y a la vez interesante, en particular por la cantidad considerable de cuestiones que llegan a aparecer al reflexionar en ello y por el enorme desconocimiento sobre la cuestión que hay en la sociedad de la cual formamos parte y que va desde la mera definición de la transexualidad hasta cuestiones muchísimo más complicadas como el desarrollo médico de cambio de sexo o si es requisito ese desarrollo, o todos los pasos que supone, para lograr comentar de «verdadera» transexualidad.

Por esto voy a intentar explotar este espacio para aproximarme a la cuestión y, si es viable, arrojar luz sobre el tema, siempre desde la humildad que mi desconocimiento sobre la cuestión impone, y, desde luego, con el más grande de los respetos.

Travestismo, transexualidad: Juicios y perjuicios

La semana anterior trazábamos desde esta columna una proximidad a la definición de transexualidad desde el criterio de los organismos doctores de todo el mundo. Con independencia de los datos más o menos técnicos y de las diferencias que tienen la posibilidad de hallarse según se acuda a una u otra fuente, la definición a la que llegábamos puede resumirse como que la transexualidad es la carencia de coincidencia entre la identidad sexual y el sexo biológico de un sujeto.

“Transgénero engloba a todos esos individuos que, por uno u otro fundamento, se distinguen de las identidades de género hombre/mujer que son asignadas por lo general al nacer”

Sin embargo, ya lo advertíamos además en la columna sobre la definición de la transexualidad, aunque la aceptación de la transexualidad de parte de los más destacables organismos internaciones y su incorporación en la bibliografía médica de referencia es sin lugar a dudas un considerable avance en relación a reconocimiento de este colectivo, todavía queda un extenso sendero por recorrer que comienza en la misma definición del término y el enfrentamiento sobre la adecuación del mismo para detallar la verdad a la que tiene relación.

Y sucede que, más allá del enfrentamiento médico y el reconocimiento de parte de la red social científica de la transexualidad, existe además un enfrentamiento popular, fundamentalmente impulsado desde nuestra red social de personas travestis y transexuales, que quiere no sólo ofrecer visibilidad a esta situación sino además poner sobre la mesa cuestiones tan destacables como la utilización preciso del género o el vocablo más correcto y libre de prejuicios. No es una novedad que el vocabulario que usamos, por más preciso que sea en términos lingüísticos, esté lleno de prejuicios que, nos agrade o no, condicionan el criterio al que tiene relación y el modo en el que el hablante lo sabe. La cuestión aquí es, sin indagar demasiado, si el vocablo transexual adolece de ese mal que son los prejuicios sociales y que tienen la posibilidad de transformarlo en peyorativo. De esta forma ya que, lo que se discute no es tanto si la palabra es correcta o no lingüísticamente para referir la verdad que nos concierne, sino si dicho término transporta adosado, por deformidad cultural, una sucesión de ideas negativas que perjudican el objetivo último que como sociedad debemos perseguir: la plena incorporación de todos sus integrantes en igualdad de derechos, deberes y condiciones en la sociedad y con independencia de su sexo, raza o religión, y, por supuesto, esto tiene dentro a esas personas que no se sienten identificadas con su sexo biológico y deciden obrar consecuentemente a su sentir. El enfrentamiento sobre el vocablo correcto, ya que, da un giro alrededor de la idoneidad de la palabra transexual o de la prioridad por otras de concepto parecido, o en el que se tiene dentro la previo, pero carentes del viable sentido negativo de la primera. Algo semejante sucede con otros términos relacionados con la identidad sexual, como travestismo o travesti.

La iniciativa por parte del colectivo de personas transexuales es el uso del término transgénero, que engloba a todos esos individuos que, por uno u otro fundamento, se distinguen de las identidades de género hombre/mujer que son asignadas por lo general al nacer. De esta forma, la palabra transgénero, carente de los prejuicios previamente nombrados, destina no sólo a los transexuales, sino a todos esos individuos que se desmarcan del género biológico y con independencia de su orientación sexual. De esta forma ya que, este término no sólo englobaría a la transexualidad o el travestismo sino además la androginia o la asexualidad, etc.

“…es muy complicado abandonar las etiquetas en algún situación, más todavía cuando estamos hablando de un colectivo que aún está peleando por el reconocimiento y aceptación popular.”

Y ahí aparece la siguiente parte del enfrentamiento y, además, la más espinosa, la definición y caracterización de la transexualidad, más allá del término utilizado para referirse a ella. Y sucede que se ve sorprendente que a estas alturas, ya lo decíamos la semana anterior, un organismo como la Organización Psiquiátrica De america se vea obligado a tener que insistir en su obra de referencia sobre dado que la transexualidad en ningún caso puede ser considerada como un trastorno de tipo delirante. Y en esa misma línea, lo que actualmente se discute es la pertinencia de la incorporación de la transexualidad dentro de los desórdenes mentales en las primordiales proyectos médicas de referencia, máxime cuando aún se conoce tan poco sobre qué componentes, cómo y por qué influyen en la transexualidad. O, dicho en otras expresiones, ¿cómo es viable que se de por sentado que la transexualidad sea un tipo de caos mental cuando no se pudo corroborar si hay componentes de habitual físico, entre otras cosas, de los genes, detrás de la no identificación con el sexo biológico? Y, no sólo eso, sino que ¿por qué fundamento no puede tratarse de una alternativa y selección personal con independencia de desencadenantes mentales o físicos? ¿Acaso debemos siempre atribuir a un caos físico o mental de cualquier clase aquellas reacciones, hábitos o sentimientos que se van de un método u otro de los entendidos como normales por la sociedad?

Desde luego es muy complicado abandonar las etiquetas en algún situación, más todavía cuando estamos hablando de un colectivo que aún está peleando por el reconocimiento y aceptación popular, como el de la gente transexuales. Sin embargo, a lo mejor, las etiquetas, aunque servibles para hallar seguir en la incorporación y reconocimiento de derechos, no lo sean tanto en el momento de detallar un situación que tiene múltiples y ricos matices y que, como siempre tiende a suceder, no hacen otra cosa sino enriquecerla.